Iluminando el pesimismo
la forma de la democracia, la constitución de una nación a imagen y semejanza, es mera fórmula de enunciación, una bolsa de dormir que se ajusta a las dimensiones de un poder delirante y efectivo, toda locura la concreta. Si algo resulta exagerado, al dejar la página y observar el ambiente, el lector argentino sentirá cierta inquietud siniestra: lo real está a punto de colapsar en la deriva del relato, o tomarlo al pie de la letra. ¿Cuánto falta para que nos gobierne un ser bicéfalo de cuya contradicción emana lo ideal? Leer más
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